Microsoft acaba de sacudir el tablero con una nueva reorganización de Xbox Game Pass. No todos los jugadores están aplaudiendo. Tras el incremento en el precio de sus consolas, ahora es el turno de las suscripciones. El plan Ultimate recibe un aumento que no pasa desapercibido: de $19.99 a $29.99 al mes.
La compañía ha dividido el servicio en tres niveles: Essential, Premium y Ultimate. El primero, Essential, se convierte en el sucesor de Xbox Live Core con un costo de $9.99. Incluye más de 50 títulos disponibles en consola, PC y la nube. También ofrece multijugador online, colas de streaming y hasta $25 en recompensas anuales.
El nivel intermedio, Premium ($14.99), amplía el catálogo a más de 200 juegos y reduce los tiempos de espera en la nube. Además, entrega hasta $50 en recompensas. Promete que los juegos publicados por Xbox llegarán dentro del año de lanzamiento, aunque con una excepción notable: Call of Duty no está incluido.
Donde realmente se siente el cambio es en Ultimate ($29.99). Este plan ofrece más de 400 juegos y más de 75 estrenos desde el primer día al año. También incluye Ubisoft+ Classics, EA Play y la membresía Fortnite Crew. A esto se suma streaming en la nube mejorado a 1440p con acceso prioritario y hasta $100 en recompensas.



El problema está en que el aumento del 50% para Ultimate deja a muchos suscriptores con dudas sobre si vale la pena. Para quienes no siguen de cerca sagas como Call of Duty o no se enganchan con Fortnite, el valor percibido cae en picada. El hecho de que Black Ops 7 se estrene en noviembre como exclusivo de este plan refuerza la sensación de que Microsoft empuja a los jugadores hacia la opción más cara.
Con unos 35 millones de suscriptores activos, Xbox Game Pass enfrenta un punto de inflexión. La renovación puede atraer a algunos usuarios nuevos. Sin embargo, también podría provocar que los veteranos bajen de nivel o cancelen su plan. En mi caso, parece que me quedaré fuera del Ultimate… al menos hasta que vuelva a tener sentido.








