Microsoft lo ha vuelto a hacer. La última actualización opcional de Windows 11 (KB5067036), lanzada el 28 de octubre, prometía estabilidad y mejoras visuales. Sin embargo, lo que debía ser una simple puesta a punto terminó provocando un nuevo dolor de cabeza para los usuarios: el Administrador de Tareas ahora se ejecuta dos veces y sigue funcionando en segundo plano.
El parche introdujo pequeños cambios en el menú de inicio, un nuevo icono de batería y correcciones para el Explorador de archivos. Pero el gran problema está en el propio Administrador de Tareas. En teoría, la actualización debía mejorar cómo se agrupan los procesos. En la práctica, ha creado un error que mantiene la aplicación activa incluso después de cerrarla.

Al cerrar la ventana, el proceso “taskmgr.exe” no se detiene. Permanece ejecutándose de forma oculta, mientras que una nueva instancia aparece al volver a abrir la herramienta. Con el tiempo, estas copias “fantasma” se acumulan y consumen memoria RAM y recursos del CPU sin aportar nada útil.
Cada proceso oculto puede usar entre 20 y 30 MB de memoria. A primera vista, parece poco. Pero si se repite varias veces, el impacto aumenta. Algunos usuarios han reportado más de cien instancias activas al mismo tiempo. En ese punto, el consumo de RAM puede superar los 2 GB y el procesador se mantiene trabajando sin descanso.
No es un fallo crítico, pero sí molesto. Afecta sobre todo a equipos con poca memoria o portátiles que dependen del rendimiento energético. Por ahora, la única solución temporal es cerrar manualmente el proceso “taskmgr.exe” desde otra instancia del Administrador de Tareas. Es irónico, pero funciona.

Solo queda esperar a que Microsoft publique un parche que corrija este problema. Windows 11 vuelve a recordarnos que actualizar no siempre significa mejorar. Y, como siempre, los usuarios más curiosos terminan siendo los primeros en descubrir los nuevos “retos” de cada versión.








