El calendario aprieta: en menos de dos semanas, Windows 10 dejará de recibir actualizaciones oficiales, salvo que los usuarios paguen por el programa de soporte extendido (ESU). Este cambio empuja a millones de personas a dar el salto a Windows 11. Algunos lo hacen por convicción, pero muchos otros lo sienten como una obligación. El problema es que la actualización Windows 11 25H2 llega cargada de fallos.
Microsoft lleva más de tres décadas creando sistemas operativos. En ese camino ha dejado grandes versiones como Windows XP o 7, pero también tropiezos como Vista y Windows 8. Windows 11 nació con la ambición de ser un sistema moderno y apoyado en la IA, pero su reputación de inestable sigue creciendo. La llegada de la versión 25H2 no mejora la situación.

El próximo 5 de octubre, Windows 11 cumplirá cuatro años. Durante este tiempo recibió funciones basadas en inteligencia artificial y mejoras pensadas incluso para consolas portátiles, como la optimización de pantalla completa. Aun así, los problemas pesan más que las novedades y la confianza del usuario sigue en duda.
Con el lanzamiento oficial de Windows 11 25H2, Microsoft reconoció cuatro errores que afectan a la experiencia. Algunos ya estaban en la versión 24H2, pero no se resolvieron:
- Reproducción de contenido protegido (DRM): el sistema Enhanced Video Renderer dejó de funcionar. Quienes intentan reproducir Blu-ray o DVD se topan con una pantalla negra. Netflix y servicios similares no sufren este error.
- Instalador independiente roto: el WUSA no permite instalar actualizaciones en formato .msu. Los usuarios domésticos apenas lo notan, pero en empresas genera complicaciones.
- Adiós a SMBv1: la compartición de archivos con esta versión del protocolo ya no funciona. Microsoft recomienda usar SMBv2 o v3, más seguras, aunque muchas organizaciones aún dependen de la primera.
- Limitaciones en ARM64: la herramienta de creación de medios no está lista para esta arquitectura. De momento solo funciona en sistemas x64 al generar imágenes ISO.
Microsoft promete soluciones, pero la sensación es clara: la actualización más esperada terminó convertida en un nuevo dolor de cabeza. Falta ver si la compañía logra calmar a los usuarios antes de que Windows 10 quede en el pasado.








