Samsung ha vuelto a sacudir el mercado del hardware con una subida de precios que alcanza el 60% en varios modelos de memoria DRAM. Reuters asegura que esta decisión llega en medio de una escasez global que afecta sobre todo a los módulos DDR5 para servidores, el segmento donde la demanda más crece por la expansión de la inteligencia artificial.
La carrera por construir centros de datos especializados en IA está consumiendo la producción disponible. Esa presión ha empujado a Samsung a subir precios en un momento en el que la oferta no logra seguir el ritmo, especialmente en configuraciones de alto rendimiento usadas en infraestructura empresarial.

Los ejemplos más llamativos dejan claro el impacto del ajuste. Los módulos DDR5 de 32 GB pasaron de 149 a 239 dólares. Los de 16 GB alcanzaron los 135 dólares tras un aumento del 50%. Y los de 128 GB ya superan los 1.190 dólares, una diferencia que obliga a muchos fabricantes a replantear sus lanzamientos. Incluso las capacidades de 64 y 96 GB han subido alrededor de un 30%.
El problema es que la demanda supera la capacidad de fabricación. Los grandes clientes reciben apenas el 70% de lo que solicitan y los tiempos de espera pueden llegar a un año. Para colmo, Phison advierte que esta escasez podría prolongarse durante una década, lo que anticipa más tensiones en la cadena de suministro.
Las consecuencias ya se sienten en múltiples compañías. Minisforum ha decidido vender Mini-PC sin RAM ni SSD para evitar aumentos bruscos. Xiaomi confirmó que su catálogo completo de 2026 será más caro por el alza en DRAM y NAND, un movimiento que refleja hasta qué punto este incremento afecta a toda la industria.

Las previsiones para finales de 2025 no son optimistas. Analistas esperan que la memoria aumente su precio entre un 40% y un 50% respecto a septiembre, con la DDR5 y la HBM convertidas en los componentes más valiosos gracias a la fiebre por la IA. Este fenómeno también toca al usuario final: la memoria DDR5 para PC doméstico ha llegado a duplicar su valor en algunos mercados.
La producción se está desviando hacia memorias de mayor margen, especialmente las de servidor. Eso reduce la disponibilidad para consumo general y mantiene la presión en los precios. El resultado es un panorama complicado para fabricantes y usuarios, aunque muy beneficioso para las empresas que producen estos chips, que seguramente cerrarán varios trimestres con ingresos récord.
Un futuro poco amigable para el bolsillo, pero que refleja la era dorada de la IA y de quienes la alimentan.








