La tensión política crece en Washington. El Senado de Estados Unidos ha encendido las alarmas por el intento del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí (PIF) de comprar Electronic Arts (EA) junto a Silver Lake y Affinity Partners, el fondo de Jared Kushner. La operación, valorada en 55.000 millones de dólares, sería una de las más grandes en la historia del entretenimiento digital. Pero lo que preocupa en el Congreso no es el dinero, sino las implicaciones políticas y de seguridad.
Los senadores Richard Blumenthal y Elizabeth Warren han pedido al Departamento del Tesoro que bloquee la venta. Según ellos, la compra podría representar una amenaza a la seguridad nacional. Ahora, todas las miradas apuntan a Donald Trump, quien podría intervenir si su administración retoma control sobre la decisión final.

En una carta enviada al Comité de Inversión Extranjera en Estados Unidos (CFIUS), ambos senadores califican la operación como un riesgo sin precedentes. EA no es solo una compañía de videojuegos, sino un actor cultural global. Que un gobierno extranjero la controle plantea dudas económicas, éticas y sociales.
El PIF no es un inversor cualquiera. Es el brazo financiero del gobierno saudí, y sus movimientos buscan más que rentabilidad. Durante años, ha invertido en deportes, cine y videojuegos para mejorar su imagen internacional. Ya posee acciones en Activision Blizzard y ha intentado expandirse al PGA Tour.
La participación de Jared Kushner, yerno de Trump, añade polémica. En 2022, su fondo recibió 2.000 millones de dólares del PIF pese a las objeciones de su comité interno. Los senadores sospechan que su presencia busca facilitar la aprobación del acuerdo si Trump recupera poder. “Los inversores parecen apostar mil millones a que Kushner puede conseguir las autorizaciones del Gobierno”, escriben los legisladores.

El riesgo no es solo político. EA maneja los datos de más de 700 millones de jugadores en todo el mundo. Esa base incluye información personal y patrones de comportamiento. En manos de un gobierno con historial de espionaje, el peligro de abuso es claro. Además, EA desarrolla inteligencia artificial avanzada para mejorar la jugabilidad y personalizar experiencias, un activo estratégico que Arabia Saudí podría integrar en sus proyectos de IA, como Humain.
Si la compra se concreta, EA dejaría de cotizar en bolsa y pasaría a ser privada. Eso reduciría su transparencia y aumentaría el control saudí. El PIF podría influir en los mensajes y valores de los videojuegos, alterando narrativas que llegan a millones de jóvenes.
El CFIUS decidirá si el acuerdo sigue adelante. El Senado ha exigido un informe antes del 4 de noviembre, además de actualizaciones cada dos semanas. No se trata solo de una transacción comercial, sino de definir cuánto poder extranjero puede influir en la cultura digital estadounidense.
Mientras tanto, la industria observa en silencio. Y muchos jugadores se preguntan si su próximo FIFA o Battlefield podría llevar, literalmente, el sello de Riad.








