La próxima bestia de NVIDIA empieza a tomar forma. Los rumores sobre la RTX 6090 han despertado más dudas que certezas en la comunidad gamer. Lo que parecía seguro —que usaría el chip Rubin CPX de la serie Vera Rubin— ahora se tambalea. Todo apunta a que NVIDIA creará un chip nuevo, diseñado solo para gaming extremo.
La compañía verde lleva más de 25 años marcando la pauta en tarjetas gráficas. Desde las icónicas GeForce de los 2000 hasta las Quadro profesionales y las GPU para inteligencia artificial. Este último segmento se ha convertido en su negocio más rentable. No es casualidad: la IA catapultó a NVIDIA como la empresa tecnológica más valiosa, superando a Apple y Microsoft.
En gaming, el escenario cambia. La Rubin CPX, con 128 GB de memoria GDDR7 y triple potencia frente a la GB300, está hecha para IA. No tiene salida de vídeo, lo que la hace inútil para jugadores que buscan potencia en títulos AAA.
Filtraciones recientes de ingenieros de NVIDIA descartan que la Rubin CPX llegue a la RTX 6090. Su arquitectura se centra en FP4 y tareas de inferencia. Los juegos requieren fuerza en FP32 y núcleos RT para ray tracing. El ejemplo está en la A100: una GPU de IA que costaba más de 10.000 dólares y aún así no superaba a la RTX 3090 en renderizado 3D.

La conclusión es clara. Rubin CPX será clave en IA, pero la RTX 6090 nacerá desde cero. Tendrá un diseño exclusivo para juegos y buscará romper todos los límites de rendimiento. Si la RTX 5090 ya puso el listón alto, la nueva generación podría dejarla obsoleta en apenas dos años.








