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Las GPU Radeon GCN renacen en Linux gracias a un ingeniero de Valve

Radeon GCN

Algunas GPU simplemente se niegan a desaparecer, y buena parte del mérito recae en Timur Kristóf, ingeniero gráfico de Valve. Con una dedicación admirable, trabaja para que las veteranas AMD Radeon con arquitectura GCN, lanzadas hace más de diez años, sigan funcionando con fuerza en Linux.

Su último aporte al kernel de Linux busca que las GPU GCN 1.1 “Sea Islands” utilicen el controlador moderno AMDGPU como predeterminado. Este cambio ofrece un rendimiento más estable, soporte para Vulkan 1.3 y acceso a funciones gráficas que antes resultaban inalcanzables. Gracias a ello, tarjetas como la Radeon R9 290 o la R9 390 vuelven a ser totalmente funcionales.

El parche de Kristóf incluye modelos tan recordados como la Radeon HD 7790, R7 260, RX 455 o la FirePro W5100, además de varias versiones móviles. Todas pertenecen a la familia GCN 1.1, también conocida como GCN2. Hasta ahora, el sistema usaba el controlador heredado “Radeon”, lo que limitaba su desempeño y obligaba a los usuarios a realizar ajustes manuales.

La llegada de AMDGPU cambia por completo la experiencia. Ofrece más rendimiento, estabilidad y compatibilidad con las tecnologías de visualización actuales. Y aunque pueda parecer increíble, una R9 390X todavía ejecuta juegos modernos como Cyberpunk 2077 o Baldur’s Gate 3 con resultados sorprendentes, sobre todo en sistemas Linux optimizados.

Kristóf no planea detenerse. Su próxima meta es extender el soporte de AMDGPU a las GPU GCN 1.0 “Southern Islands”, una generación aún más veterana. Cuando finalice la integración del códec VCE1, las icónicas Radeon HD 7000 de 2012 también podrán disfrutar de controladores modernos. De este modo, hardware que muchos consideraban desfasado vuelve a tener protagonismo.

Mientras AMD traslada sus controladores RDNA1 y RDNA2 de Windows a mantenimiento, Linux demuestra que la comunidad sigue comprometida con el legado del hardware rojo. Gracias al esfuerzo de un solo ingeniero, las GPU Radeon clásicas mantienen su lugar en la historia. Una lección de perseverancia tecnológica que demuestra que, con pasión y código abierto, la obsolescencia puede esperar.