La historia vuelve a repetirse y deja claro un problema que NVIDIA aún no resuelve. Otra GPU de gama altísima terminó inutilizada por un daño físico que, en condiciones ideales, habría sido fácil de reparar. NorthridgeFix, conocido por documentar reparaciones extremas de las RTX 40 y 50, expuso nuevamente la falta total de repuestos para las Founders Edition.
El caso anterior involucró a una RTX 5090 FE dañada durante un cambio de disipador. El usuario rompió el conector PCIe por un error simple, pero solucionable si existieran piezas oficiales. Para muchos entusiastas, la Founders Edition sigue siendo la única forma de acceder a una Blackwell tope de gama al precio recomendado.
Las FE emplean una PCB dividida en tres módulos: la placa principal, la del display y la del conector PCIe. Se unen mediante tiras flexibles muy delicadas. El diseño permite mover hasta 600 W sin bloquear el flujo de aire, aunque añade riesgos si una sección falla.

NorthridgeFix lo explica con claridad: el sistema sería una maravilla si NVIDIA vendiera repuestos. Bastaría cambiar la placa dañada para devolver la GPU a la vida. Sin embargo, al no existir piezas oficiales, cualquier avería física convierte estos modelos en hardware prácticamente desechable. Incluso los talleres especializados evitan repararlas.
El caso más reciente es aún peor. Se trata de una RTX PRO 6000 Blackwell de 10.000 dólares, un modelo profesional con 96 GB de memoria que solo existe en versión Founders Edition. No hay alternativas ni variantes personalizadas.
Según el análisis, la placa PCIe se partió durante el transporte. La pieza quedó separada en dos secciones, lo que imposibilita cualquier reparación. Con PCBs que pueden tener hasta 14 capas, reconstruir cada pista con microcables sería irrealizable. Y la zona dañada era la encargada de suministrar energía, lo que complica más el panorama.

Lo más frustrante es que el accidente era evitable. La tarjeta venía de un youtuber conocido que la transportó dentro de la torre sin protección. Con el peso de las GPUs modernas, cualquier vibración prolongada puede fracturar la PCB. Por eso nunca se debe mover una gráfica suelta dentro del chasis sin tornillos, espuma o soportes que la inmovilicen.
Pero el problema real va más allá del mal manejo. El reto es la falta de repuestos. Reemplazar una placa específica debería ser un procedimiento rápido y económico, sobre todo cuando el resto de la GPU está intacto. En un caso anterior, NVIDIA reemplazó la tarjeta completa, pero depender de excepciones no es una solución a largo plazo.
Lo habitual sería solicitar un presupuesto fuera de garantía al soporte oficial. Si la GPU es de un ensamblador, se debería acudir a su centro autorizado. Sin embargo, los reportes de diagnósticos fallidos y tarjetas devueltas con problemas adicionales han debilitado la confianza del público. Por eso muchos prefieren talleres físicos donde puedan hablar directamente con un técnico y verificar el trabajo.
Mientras tanto, estas GPUs de miles de dólares siguen atrapadas entre su potencia extrema y la fragilidad de un ecosistema sin repuestos. Si NVIDIA abriera una tienda oficial de piezas, muchos de estos problemas desaparecerían. Sería un verdadero “GG” para todos.








